No hay relación sexual. Ay!, el amor
Carmen Campos Bernal
Lacan en El Seminario 20 realiza un movimiento de inversión, modificando su teoría del significante para abordar al sujeto partiendo del goce, se inicia así el final de lo que Miller llama «el periodo simbólico de la enseñanza de Lacan»1. En su curso La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, desarrolla la importancia de este movimiento en Lacan, cuando, en la parte que titula «La no relación»2, nos explica el sexto paradigma del goce.
Entonces argumenta como este movimiento de inversión se produce porque Lacan va a cuestionar el concepto mismo del lenguaje, poniendo en primer plano la lalengua, es decir destacando la palabra que es anterior al ordenamiento gramatical y lexicográfico, la palabra adquiere de esta forma un valor de goce, mientras cae su valor de comunicación.
Miller subraya que nos encontramos en el paradigma de la no relación y de la disyunción como extensión del concepto de no relación, dice: «la disyunción del significante y del significado, del goce y del Otro, del hombre y de la mujer, bajo el modo de no hay relación sexual».3
Así propone, que todos los términos que aseguraban la conjunción hasta entonces en Lacan —el Otro, el nombre del padre, el falo—, ahora quedan reducidos a la función de ser conectores, invenciones o suplencia. Miller pone el acento en que no solo tenemos la afirmación en El Seminario 20 de que no hay relación, advierte de un matiz que este seminario porta, y es que se trata de «”Hay”: ”Hay goce”»4.
A la luz de la no relación, es decir de lo imposible de representar, de lo que no puede escribirse, se impone el goce, goce de la palabra, el goce del Uno del cuerpo, y se presentan distintas modalidades encarnadas de esto.
Lo vemos en la clínica — con los encuentros y desencuentros—, y lo podemos explorar en las expresiones artísticas. Tomaré un fragmento para ilustrar una de esas formas, algo de la expresión con la interjección del lamento «Ay!, el amor», como una forma de escritura alrededor del no hay relación sexual. Ella estaba muy enfadada con su amante, des- pués de haber tenido una intensa relación, este le había sido infiel con una conocida y por esto le escribió este poema.
El Hexágono
Ibn Zaydum te han calificado con el apodo de Hexágono.
Aunque te abandone la vida, él nunca de ti tendrá abandono:
maricón de primera, sodomita de siempre, follador no siempre,
tercerón de nacimiento, cabrón de oficio, ladrón como ninguno.5
Vemos seis insultos potentes que destilan dolor y odio en esta forma de escritura, que podemos enmarcar en el «Ay!, el dolor del amor», una respuesta en forma de poema al dolor de la traición, el abandono, la mentira y el engaño.
Sepamos algo más de esta pareja, Ibn Zaydún, es considerado uno de los mejores poetas andalusí del amor, elegido como ejemplo por muchos, para ilustrar el amor en el siglo XI, especialmente por su forma de escribir sobre la dificultad del amor.
Ibn Zaydún —entre otras cosas— escribió: «Si cargas mi corazón con lo insoportable para otros corazones, yo lo soportaré: sé altiva, yo sufriré; sé orgullosa, yo me humillaré; manda, yo obedeceré»6.
En la poesía andalusí del siglo XI, se encuentran elementos de un nuevo modo de sentir y escribir sobre el amor, este aparece como un deseo inasequible, como un tormento deleitoso. Se trata de Un cuerpo que goza como una forma de escritura alrededor del no hay relación sexual, entonces: Ay!, el amor.
Ibn Zaydún, mantuvo una relación intensa con la poetisa Wallada bin al-Mustafi, ella es quien, tras la ruptura, le escribe el poema citado anteriormente titulado el «Hexágono». Se la describe como la poeta del odio, por las feroces sátiras que dirigió hacia su amante, Wallada se presenta como una mujer fuerte y altiva, que nunca perdonó a su amante.
Podemos preguntarnos si existe realmente diferencia en esta forma de expresión con lo que escuchamos en el siglo XXI, por ejemplo recientemente, con el último disco de Rosalía, que incluye la canción «La perla», parece que dedicada a la ruptura amorosa con otro cantante, Rauw Alejandro. Veamos parte de la letra de esta canción: «La decepción local, rompecorazones nacional. Un terrorista emocional, el mayor desastre mundial. Es una perla, nadie se fía. Es una perla, una de mucho cuida’o».
Volvamos a El Seminario 20, Lacan, en el capítulo VIII, que Miller ha establecido cono «El saber y la verdad», dice «no vacilo en escribir odioamoramiento es el relieve que el psicoanálisis supo introducir para situar la zona de su experiencia»7
Lacan utiliza este neologismo para sustituir al concepto de ambivalencia de Freud, liga la cuestión del amor al saber y refiere que el análisis nos recuerda que no se conoce el amor sin el odio. Para concluir, recordar que en este seminario, Lacan afirma que lo único que hacemos en el discurso analítico es hablar de amor y añade «El aporte del discurso analítico es que hablar de amor es en sí un goce».8
Lorca escribe de forma poética sobre el dolor del amor usando el elemento del lamento, la interjección «Ay!» común en la poesía andalusí. Por esto leeré parte del soneto titulado
«¡Ay voz secreta del amor oscuro», que encontramos en Sonetos del amor oscuro.9
¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡ay corriente sin mar, cuidad sin muro!
Referencias
1 Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, curso 2006-2007, Buenos Aires, Paidós., p. 213.
2 Miller, J.-A., La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, curso 1998-1999, Buenos Aires, Paidós, 2023, pp. 257-258.
3 Ibid.
4 Miller, J.-A., «Los seis paradigmas del goce», Freudiana, revista de la Comunidad de Cataluña de la ELP, nº 29, Paidós, Barcelona, 2000, p. 45.
5 Sobh, M. Ibn Zaydún. Casidas selectas. Cátedra Letras Universales, Madrid, 2005, p. 228.
6 Menéndez Pidal, R.,, Poesía árabe y poesía europea (1941), Madrid, Espasa Calpe, 1963, p. 59.
7 Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aún (1972-1973), texto establecido por J.-A., Miller, Buenos Aires, Pai- dós, 1991, p.110.
8 Ibid, p.101.
9 Garcia Lorca F., Diván del Tamarit. Sonetos del amor oscuro (1996), Barcelona, Lumen, 2020, p. 71.