
Fany Migens: «Del trabajo de la transferencia a la transferencia de trabajo»
Intervención en el Primer encuentro del Taller de Investigación sobre las enseñanzas del pase en la CdA
7 de abril de 2025
Comenzaré por señalar que el trabajo de escribir algunas notas para puntuar el primer testimonio de Neus Carbonell publicado en la revista El Psicoanálisis, 45, me ha producido una incomodidad creciente resaltando la imposibilidad de salir airosa cualquiera fuese la forma que tomase mi puntuación ya que siempre está presente el riesgo de borrar el rasgo del deseo del analista enterrándolo bajo un saber sobrepuesto.
He optado, pues, por limitarme a elegir como hilo la resolución de la transferencia y el pase, siguiendo algunas referencias de Jacques Alain Miller en sus cursos y tomando lo que el texto de Neus puede servirnos de enseñanza en este sentido.
“Al comienzo del psicoanálisis está la transferencia”
En la “Proposición sobre el psicoanalista de la Escuela” del 9 de octubre de 1967, Lacan interpretó que el psicoanálisis debía tener un final que permitía pasar del registro de la palabra al registro del goce, siendo el pase la traducción de ese pasaje. No deja de ser llamativo que Lacan se concentra en este texto en el inicio y en el final del análisis, articulando el inicio en términos de significante y el final en términos de goce. Sus sucesivos esfuerzos consistieron en inventar una lógica que conduciría del saber supuesto al descubrimiento del goce fijado, que abordó por el fantasma y luego por un concepto ampliado del síntoma, el sinthome.[1]
Antes del análisis ya está en juego la transferencia y la manera en que derivará el encuentro con el propio analista, de modo que cuando uno elige un analista lo hace por algo, eso no ocurre por azar. En la transferencia siempre se juega algo del orden de un rasgo del analista que luego al final del análisis uno puede alcanzar a ver.
En su testimonio, Neus señala que se dirigió a un analista cuya forma de hablar le conmovía, alguien que había aprendido a tratar su fuerza. Y se dirige con una demanda: que le ayudara a hacer algo con su deseo de revuelta, un “estar en rebelión” que también designa como fuerza, tirón, vértigo. Esa “fuerza” nombra su queja. Pero en su primera interpretación, el analista obvia la impotencia de la demanda y apunta al goce que sostiene: “la fuerza del amor”. Se trata de una interpretación del comienzo que podemos llamar lacaniana en la medida en que toca lo real: en el corazón mismo del goce del parlêtre nombra el goce del que se lamenta.
Así, relanzó la transferencia y, por ende, el trabajo analítico. Podemos decir que hay transferencia para que pueda haber interpretación, gracias a lo cual hay precipitación del síntoma. A partir de ese momento se pone en marcha la cadena significante, el cifrado-desciframiento, que de la forma más simple podemos escribir S₁ – S₂.
De esta forma la analizante puede desplegar la demanda insaciable de amor, resultado de una fijación temprana al objeto oral, al que el analista respondió con su silencio persistente e insistente. Entonces, según señala Neus, “el inconsciente, estructurado como un lenguaje, acudió con el significante para significar de algún modo ese silencio. Cuando terminaba la última sesión del día, en el momento preciso en que cruzaba el umbral de la puerta de salida de la consulta, repetía para mí misma, como una letanía “señor, decid tan solo una palabra y será salva mi alma”(…) En esa letanía, la verdad hablaba. La verdad que yo sabía sin saberlo: esperaba del Otro lo que me faltaba, el significante que vendría a cubrir la falta en ser, tapando al mismo tiempo la falta del Otro. Eso era, verdaderamente, lo que la “emboscada del amor de transferencia” pretendía obtener.” El silencio del analista devino, pues, el acto analítico que obtuvo un primer efecto: que la verdad hablara por el sesgo de esa letanía.
Haría falta el tiempo necesario (10 años), en el que se sitúan las circunvoluciones del inconsciente transferencial, para que esa letanía silenciosa pasara al decir y se revelara como el signo de una exigencia de amor que había latido en el corazón de la transferencia de una manera silenciosa.
“Se me reveló, dice Neus, como puro silencio, lo pulsional que habitaba en la exigencia de amor”.
Neus reconoce ahí el momento del despegue de un nuevo periodo en el análisis, un nuevo momento del recorrido analítico que le llevaría al final, tramo en el que se ordenaron las construcciones hechas en análisis y se hizo posible el final de la experiencia.
Eclipse de la demanda
Neus da cuenta de cómo el final estuvo puntuado por dos sueños, cuya interpretación señaló el fin. Estos sueños resignifican aquellos del comienzo del análisis.
Si en el sueño de comienzo se hace presente la impotencia a través de la imposibilidad de leer una página, en el sueño del final, las letras se desprenden de la página y quedan como resto, las letras caen y quedan reducidas a manchas negras. La soñante se despierta con un “Eso es”. Detención de la cadena. Corte radical entre S₁ y S₂ (S₁//S₂). Es un sueño que apunta a un imposible distinto y que produce un primer momento de euforia, al que le siguió un malestar sin causa. Neus lo nombra como el malestar de la pulsión. Ahí el acting: la analizante le regala al analista un paquete de embutidos.
Y el último sueño en el que el objeto oral se anuda al objeto escópico: aparecen dos ojos disolviéndose en una salsa gelatinosa y un significante condensado “suquetdepeix”.
El significante suquetdepeix, S₁ fuera de sentido, se desprende, reducido a un significante resto de la operación transferencial. El sueño toma nota de una reducción, índice del paso en análisis de la impotencia a un imposible. El analista corta la sesión y continúa mirándola fija e intensamente. La siguiente será la última sesión, la despedida.
El final, pues, como un encuentro contingente, “eso cesa de no escribirse”, supone también la dimensión de un acto de reconocimiento: la analizante se vuelve responsable al reconocer el signo del final. En ese momento se verifica un Eso es, entonces, se terminó. Y en ese momento decisivo no hay Otro. Soledad del Uno.[2]
El final supuso, en palabras de Neus, “el desvanecimiento del Ideal y, en su lugar, una nueva manera de hacer con el objeto como causa (…), un saber hacer con el resto de un plus de gozar irreductible, el resto de esa fuerza del amor. (…) Saber hacer con ello no se da sin un estilo, al que el analista se refirió como siendo ”claro y firme”. Es la reducción de esa enunciación de la cual me lamentaba. Con ese estilo debo saber hacer como psicoanalista, porque es el deseo del analista despojado de toda fascinación.”[3]
En el curso titulado Donc, Miller remite la conclusión de la cura al eclipse de la demanda, la desaparición profunda, radical, auténtica de la demanda. Podría decirse que es el desvanecimiento de la demanda inconsciente y, por esa vía, la desaparición del Otro mismo al que ésta se dirige. En el testimonio de Neus ella misma señala “desprenderme de la demanda transformó la naturaleza del Otro y, como consecuencia, la posición respecto del saber. (…) ya no se trata de devorar las letras para extraer de ellas el saber completo que ocultan, sino que ahora la pulsión permite el trabajo de desbrozar un saber posible. (…) El saber entonces, devino algo a construir, así como lo imposible devino el marco de lo posible.”
Miller señala que, en esta perspectiva, al final del análisis toma su sentido la fórmula de Lacan según la cual “El Otro no existe”, en todo caso no existe el Otro de la demanda, lo cual modifica al sujeto en el corazón de su ser, más allá de las identificaciones.
De aquí la importancia, siguiendo a Miller, de recomponer un Otro para analistas. Ese Otro para analistas es lo que llamamos una Escuela.[4] Como señala Neus, “la transferencia de trabajo se convierte en la orilla, la única orilla posible, a donde dirigir la transferencia que antaño sostuvo el lugar del Otro. Solo que ahora el Otro, que es la Escuela, existe solamente a causa de la transferencia de trabajo con los otros, existe como un sujeto de pleno derecho. No hay Escuela si no hay transferencia de trabajo. Y, sin Escuela, no habría destino para la transferencia al final. La Escuela es una necesidad lógica del fin de análisis.”[5]
Fany Migens. Miembro de la ELP y de la AMP. Sede de Sevilla.
Referencias:
[1] Miller, Jacques-Alain. Todo el mundo es loco. Ed Paidós, Buenos Aries, 2020. pg 230
[2] Miller, Jacques-Alain. Sutilezas analíticas, Ed Paidós. Buenos Aries, 2012 pg 205
[3] Carbonell, Neus “Suquetdepeix” en El Psicoanálisis 45 pg. 67.
[4] Miller, Jacques-Alain. Donc. Ed Paidós, Buenos Aires, 2011, pg. 23.
[5] Carbonell, Neus “La transferencia al final” Conferencia impartida en el Seminario de Investigación de Enseñanzas del pase en Barcelona el 31 de enero de 2025. Inédito.