
Ana González: «Preliminar»
Intervención en el Primer encuentro del Taller de Investigación sobre las enseñanzas del pase en la CdA
7 de abril de 2025
“Preliminar” es el prefacio que Jacques Alain Miller realiza al libro titulado “Cómo terminan los análisis. Paradojas del Pase”, que reúne diversas publicaciones internas de la École de la Cause Freudienne, difíciles de encontrar y que hacen referencia a la invención más controvertida de Jacques Lacan: la práctica del pase.
Lacan plantea por primera vez la práctica del pase en la “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela” como experiencia en la que esclarecer la manera por la que un analizado devenía analista. Esta proposición estaba impregnada de un espíritu revolucionario, propio de los meses previos a la revolución de mayo del 68. La novedad de este procedimiento radicaba en que la decisión del nombramiento recaía en los llamados “pasadores”, unos jóvenes analizantes que aún no habían concluido su análisis, pero habitados por el des-ser, debían apreciar si el pasante había llegado más allá del punto al que ellos habían llegado. No deja de ser paradójico que fueran precisamente unos jóvenes que no tenían el título de analistas los que tenían el poder de darlo. La tensión generada en los analistas consagrados de la Escuela provocó una modificación posterior del procedimiento en la que la decisión final del nombramiento recaía en un jurado de analistas experimentados, pero a partir del informe de los jóvenes pasadores. Esta Proposición fue aprobada por la Asamblea General de la Escuela tras dos años de dificultades.
Miller expone en este prefacio algunas de las modificaciones y dificultades que ha sufrido el pase en la ECF, aunque sabemos que cada escuela de la AMP establece diferencias de procedimiento.
Miller aclara que si Lacan plantea el procedimiento del pase, es precisamente para dar luz al momento conclusivo de la experiencia de un análisis. Lo plantea incluso en contra de las indicaciones dadas por Freud en su artículo de 1937 “Análisis terminable e interminable”. Por un lado Freud se niega a escribir que un análisis no tiene fin. Por otro lado, sitúa al final de la experiencia lo que denomina “una roca”, un impasse que tiene que ver con el origen biológico, en las mujeres se relaciona con el penisneid, (envidia de pene) y en los varones con el rechazo a la feminidad. Es lo que Lacan formularía después como “no hay relación sexual” posible, por lo que hay que arreglárselas con este real. En este punto Lacan desafía la concepción de Freud y plantea un pase de orden lógico, dando un giro: el fin de análisis se aborda a partir de la entrada en análisis.
Desde esta concepción es lógico pensar el estatuto de la transferencia al final del análisis.
Lacan articula la estructura de la transferencia con la emergencia del sujeto supuesto saber, es decir, la creencia del sujeto de estar sujetado, no al analista, sino a un saber del que no es consciente, pero que es legible, descifrable e interpretable. Al final del análisis hay entonces una destitución del sujeto supuesto saber y un des-ser del analista que había sostenido el proceso analítico, que es correlativo a una deflación del deseo que recuerda a la posición depresiva.
Este momento decisivo Lacan lo nombra de diversas maneras a lo largo de su enseñanza:
1- “Atravesamiento del fantasma fundamental”: sería la resolución del complejo de castración y la relación pregenital.
2- “Identificación con el síntoma”: que ahora es integrado por la personalidad, pero ya no le atormenta ni lo padece.
3- “El pase-sinthome”: Hay una apercepción de la mentira inherente a toda verdad, cuando se nombra lo real del inconsciente. El pase tiene estructura de ficción. El sinthome es un estado residual en el que los restos sintomáticos quedan fuera de sentido una vez descifrado el síntoma.
Una diferencia radical de Lacan respecto a los postfreudianos es que para él la transferencia no se liquida al final del análisis, sino que se deviene analista. Ser analista no depende de la calidad o la antigüedad de la práctica analítica, sino que es el resultado del propio análisis. Sólo el análisis permite a un sujeto autorizarse a sí mismo como analista.
Miller comparte algunas reflexiones sobre el pase en este “preliminar”:
1- Distingue tres pases:
- El momento interno de la experiencia del analizante.
- El procedimiento en el que el analizante pide ser admitido como pasante.
- La nominación como AE. Se trata de la a-puesta en la que el nuevo AE es capaz de “testimoniar sobre los problemas cruciales en los puntos vivos en que se encuentra para el análisis”. (Proposición del 9 de octubre de 1967…).
2- Sin embargo, Miller advierte del riesgo de que un AE se convierta en psicoanalista de su propia cura.
No se trata de regurgitar un saber como autoficción. Lacan invitó al AE a “volverse responsable del progreso de la Escuela, volverse psicoanalista de su experiencia misma”, interpretar la Escuela-sujeto.
3- Miller nos recuerda que “nada es más opuesto al concepto de pase que la repetición de algunos datos clínicos extraídos del propio análisis”.
“El pase sólo tiene sentido, si una vez atravesada, la historia de dolor se desvitaliza, pierde su color y sus acentos trágicos, para convertirse en comedia”. Es un relato que pasa de los pasadores al jurado, y transmite una estructura de chiste, un “Witz”, en el que el autentico pasante admitirá el décalage entre lo real y lo verdadero, pues sabe que la verdad miente cuando dice lo real.
4- Miller insiste en que el pase no se puede reducir al contenido narrativo de un conjunto de enunciados.
El pase es función misma de la relación en acto que el sujeto mantiene con lo que enuncia, es función del tono, el ritmo y la forma de decir. La enunciación es fluctuante, solo existe en la dimensión de la palabra, mientras el enunciado se acomoda a la escritura. Enunciado y enunciación obedecen a dos regímenes diferentes del lenguaje. Por tanto, en el pase, al igual que en el análisis, es necesario que el sujeto hable, que se manifieste como un parlêtre, para que existan esos efectos de verdad presentes tanto en el lapsus como en el chiste. No obstante, el proceso del pase no puede ahorrarse la escritura, y los pasadores anotan cuidadosamente lo que enuncia el pasante. El jurado a su vez recoge estos escritos para reforzar el informe que deben presentar a la Escuela.
Paradójicamente, Lacan nunca cumplió este programa tal como lo había concebido, y se sabe que pedía a los pasadores que dejaran a un lado sus notas para entregar al jurado los puntos vivos que habían retenido del discurso del pasante y que los habían hecho vibrar. Así privilegiaba la escucha analítica de la enunciación sobre la transcripción del relato. Lo esencial era la palabra.
5- Miller también señala que en los últimos años Lacan tomó distancia de toda su enseñanza anterior, hasta el punto de invertir muchas de sus tesis más constantes.
Miller en este punto justifica los cambios introducidos en la orientación del pase en los últimos años bajo la última enseñanza de Lacan, para que no sirviera de garantía de una (única) manera de hacer las cosas.
Antes bien, Lacan pretendía comprometer a sus alumnos en no descansar en un saber adquirido, en desprenderse de todo dogmatismo para reinventar el psicoanálisis, uno por uno, cada uno, a la medida de sus posibilidades.
Miller concluye: la última enseñanza de Lacan está destinada a reavivar en los analistas la pasión de la ignorancia, es decir, un deseo de saber, un saber nuevo a elaborar.
Ana González. Socia de la Sede de Málaga.