Juan Carlos Ríos: «didáctico, control»

Intervención en el Segundo encuentro del Taller de Investigación sobre las enseñanzas del pase en la CdA
5 de mayo de 2025
Quizá deba transcurrir todo un análisis antes de que suceda lo que
podría suceder, a saber, que se toque un punto de despertar.
Jacques Lacan

Sobre el fondo de la lectura de “Situación del psicoanálisis en 1956”, en la pagina 458 Lacan dice que “no olvidemos que la entrada en la comunidad [analítica] está sujeta a la condición del psicoanálisis didáctico”. Y añade que es curioso que sea en los círculos de los didácticos donde la teoría del fin de análisis como identificación al yo del analista haya nacido. Aquí la pregnancia narcisista del “soy como tú” o el “eres como yo”.

 En 1923, el Instituto de Berlín estableció una reglamentación del análisis didáctico. Siguiendo el libro “Freud y los berlineses” de Laura Sokowsky (p. 365):

 1) La Comisión de enseñanza podía admitir o rechazar a un candidato de manera irrevocable luego de tres entrevistas preliminares.

2) Se le imponía un análisis personal con una duración de, al menos, seis meses.

3) El analista didácta del candidato era designado por la mencionada Comisión.

4) La Comisión, siguiendo la opinión del psicoanalista didacta, podía decidir si el candidato estaba suficientemente avanzado como para participar en etapas de formación ulteriores.

5) La misma Comisión imponía un control con un analista que debía ser distinto de aquel del candidato.

6) El analista de control tenía el derecho de retirar el paciente al candidato en caso de incompetencia.

7) Finalmente, se pedía al candidato una promesa escrita, por medio de la cual se comprometía a esperar el dictamen favorable de la Comisión antes de denominarse analista.

Hay cuatro menciones en la proposición del 67 al psicoanálisis didáctico. Empezaré por la ultima:

Entiendo la “proposición” de Lacan, en primer lugar como el enunciado o la base de la cosa que se va a demostrar (María Moliner). Creo, entonces, que la base de la que parte Lacan y que menciona al final de su proposición (p.277) es que las sociedades existentes se sostienen en sus fines y estilo sobre un apagón (black-out) puesto sobre la función del psicoanálisis didáctico: de ahí el aislamiento con que se protege a sí mismo.

Se puede tener la impresión, en algunos pasajes de Lacan, de que el didáctico llevado a su término está casi anunciando el “pase”; pero como dice Calderón “Las cosas una vez sabidas que fáciles son”. Esto lo aprendí hace tiempo en control, pero también me pregunto ¿hasta dónde es cierto y en qué circunstancias? Pues, como dice Laurent, hay que “subrayar que del dispositivo del Pase nadie tenía la menor idea antes de que en 1967 el Dr. Lacan propusiera tratar de verificar que el Pase existe (…) generalmente la gente se interesaba en el final de análisis como desaparición del síntoma”.

Por ejemplo, en el seminario de la Ética se puede leer: “Al término del análisis didáctico, el sujeto debe alcanzar y conocer el campo y el nivel de la experiencia del desasosiego absoluto” (p. 362).

En “Los Cuatro Conceptos …” dice: “el análisis didáctico no puede servir para otra cosa como no sea llevarlo a ese punto que en mi álgebra designo como el deseo del analista”. p. 18 (1964)

También en 1964, en el “Acto de fundación” encuentro una cita que para mí había permanecido como una brújula y de la que me he servido en mi propio análisis: “El único principio cierto que se puede plantear, y tanto más cuanto que se lo ha desconocido, es que el psicoanálisis se constituye como didáctico por el querer del sujeto, y que este debe estar advertido de que el análisis pondrá en tela de juicio ese querer, en la medida misma en que vaya acercándose al deseo que encubre.” (OE. p. 251-3)

Un punto fuerte que plantea Lacan en la página 262 de su proposición es que “hay un real en juego en la formación misma del psicoanalista”. Después de algunas vueltas y siguiendo a Freud en “Análisis terminable e interminable” cuando —a las dos artes más difíciles planteadas por Kant en su “Pedagogía”: el arte del gobierno y el arte de la educación— añade al psicoanálisis como la tercera de esas profesiones imposibles. Conjeturo entonces, sin novedad, que ese real puede ser que el analista no existe.  Y como precisa Bassols, no existe como concepto referencial, no tiene extensión -es del género del unicornio, o también de La mujer.

La enseñanza de Lacan, dice él mismo (proposición 263-4), “no tiene rival por el hecho de que ninguna enseñanza habla de lo que es el psicoanálisis”. Por contra las sociedades existentes tomaron el sesgo de asegurar la existencia del psicoanálisis a través de las listas de analistas que el análisis didáctico procuraba. Recordar en este punto la sátira de la “Situación del psicoanálisis en 1956” cuando dice:  “… no olvidemos que la entrada en la comunidad está sujeta a la condición del psicoanálisis didáctico”.

La primera mención al didáctico es en la página 264 de la “proposición” cuando expone que la cooptación de sabios, la superioridad narcisista y la astucia competitiva fue el retorno de los refuerzos para volver a caer en los pecados ya penitenciados (relapsos) “que el psicoanálisis didáctico tiene (o debería tener) como finalidad liquidar”.

De nuevo aquí el apagón, como dice Lacan en la “proposición”, “que ensombrece la práctica del psicoanálisis —cuya terminación, objeto y finalidad misma demuestran ser inarticulables luego de por lo menos medio siglo de experiencia continuada—.”

Miller, en “Cómo terminan los análisis” añade en este punto que Lacan “desafía así la concepción de Freud y abre la posibilidad de un pase de orden lógico con un giro magistral: la cuestión del final del análisis es abordada a partir de la entrada en análisis” (p.13). Dicho de otra manera: ¿cómo comienza un análisis para poder terminarlo?

La segunda mención aparece al hilo de la articulación que falta, a saber, ¿qué es un psicoanalista?. Propone rodear esa hiancia con dos momentos de empalme: el psicoanálisis en extensión y “el psicoanálisis en intención, es decir, el didáctico, en tanto este no hace más que preparar sus operadores”. Operadores, a fin de cuentas, listos para terapiar el malestar sin hacer daño pero ciegos para dar cuenta del psicoanálisis como experiencia original.

La penúltima mención del didáctico en la “proposición” está en este complejo párrafo: “Desde dónde podría entonces esperarse un testimonio justo sobre el que franquea ese pase, sino de otro que, al igual que él, todavía lo es, este pase, a saber, en quién está presente en ese momento el deser (la pérdida de su ser pasado, JAM) en el cual su psicoanalista conserva la esencia de lo que le pasó como un duelo, sabiendo por ello, como cualquier otro en función de didáctico, que también a ellos eso les pasará”.

Aquí están los llamados por Lacan “pasadores” cuyo oficio será recibir la demanda de devenir  analista de la Escuela.

En el título había incluido “el control”, palabra que no aparece en la “proposición pero sí que es mencionada varias veces dos meses después de octubre del 67 y que fue publicada el 6 de diciembre con el título de “Discurso en la Escuela Freudiana de París”, Creo que fue a resultas del rechazo de la “proposición” en el voto consultivo.

De la sátira (que no cambia nada) al witz, de la “Situación .. en el 56” a la “Proposición del 67” que lo cambia todo, aparece la invención del pase.

En el “Discurso a la EFP”, nos anima diciendo que, “Pongo siempre balizas para que se orienten en mi discurso”. Creo haber encontrado una de estas balizas en la vía de la Sátira al Witz, de la “Situación del psicoanálisis en 1956” a la “Proposición del 9 de octubre del 67” que invita a salir del convento analítico

“¿Quién verá, pues, que mi proposición se forma con el modelo del chiste?” dice Lacan en su “Discurso a la EFP” (p. 283). Miller lo vio y lo cuenta así: “[…] esa estructura de recurrencia del chiste vuelve a aparecer en el pase, donde cobra toda su importancia: en lugar de contarlo directamente al cartel, se lo contamos a unos que lo cuentan a otros”.

Creo que de modo similar la baliza del “control” también hace eco a esta estructura: Un analista cuenta el caso de un paciente o analizante a otro psicoanalista. Así creo que se puede leer en Lacan cuando dice en el “Discurso a la EFP”: “Aquí es donde un control podría parecer no estar de más, aun cuando hace falta más de uno para dictarnos la proposición” (284).

Terminar recordando que en el pasado encuentro del taller sobre el pase comenté la importancia que tenía para mí la frase de Neus Carbonell que destacaron en sus trabajos Fany y Sole: “El silencio fue la interpretación fundamental del análisis. Hacía existir un vacío en el cual se alojaban los efectos de mis palabras”.

Apenas pasó una semana de este encuentro cuando llevé a control el caso de un paciente en el que sospechaba que yo hablaba demasiado. Empecé relatando un episodio que éste me había contado: había llevado una tabla a un carpintero para que se la cortara y cuando le preguntó que cuánto era, el carpintero le dijo que nada y el paciente insistió con el ¿cuánto es? En este punto mi paciente recordó el siguiente chascarrillo: Un   tipo pidió la cuenta en un establecimiento y cuando el tendero le dijo nada, el tipo no contento le replicó “pero, ¿no podría ser menos?”.

Yo añadí en control “creo que me está diciendo que tengo que estar más calladito”. Fue el control más corto que he tenido hasta ahora, pues el analista de control me despidió diciendo “usted ya traía la respuesta”.

Juan Carlos Ríos. Miembro de la ELP y de la AMP. Sede de Granada.

 

Juan Carlos Ríos: «didáctico, control» Intervención en el Segundo encuentro del Taller de Investigación sobre las enseñanzas del pase en la CdA