
Jacinto Ruiz: «Pase y formación del analista»
Intervención en el Segundo encuentro del Taller de Investigación sobre las enseñanzas del pase en la CdA
5 de mayo de 2025
Los que vengan a esta Escuela
se comprometerán a desempeñar
una tarea sostenida
a un control interno y externo
Lacan, Acto de fundación
El dispositivo del Pase ha sido objeto de diferentes crisis, transformaciones y movimientos en el seno de la AMP y sus escuelas desde que fue inventado por Lacan hasta la actualidad. Pero también, en el corazón mismo del dispositivo, hay algo que permanece invariable, y es el hecho de su razón de ser, que la Escuela cuente con un dispositivo de investigación cuyo objetivo principal es tratar de dilucidar una pregunta: ¿Qué es un psicoanalista?… lacaniano añadiríamos.
Es desde esta premisa que volvemos a tomar la referencia de un texto fundamental “La proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la escuela”, texto con el que sabemos, Lacan habla por primera vez del Pase.
Lo cierto es que cuando la comisión de este espacio debatió sobre la pertinencia de volver a la lectura de este texto, poder discutir sobre él, lo primero que pensé es que quizá podríamos caer en la repetición, en el sentido de ser un poco redundantes, pues ya el año pasado fue un texto recomendado y trabajado en este mismo espacio en las diferentes sedes de nuestra comunidad, o yéndonos un poco más lejos, al año 2017, fue referencia fundamental en toda la AMP con motivo del 50 aniversario de su aparición. Pero cuando uno se pone al trabajo, estas dudas desaparecen, pues la Proposición tiene muchas resonancias que la hacen absolutamente imperecedera….y necesaria.
Prueba de ello es por ejemplo la estrecha relación entre los ecos de la proposición que hoy nos convocan y el programa de la próxima elucidación de Escuela titulado ¿Cómo se analiza hoy?, en la que se abordarán temas como la diferencia entre el psicoanálisis y la psicoterapia, cómo se juega la partida del psicoanálisis hoy, el psicoanálisis como experiencia y el psicoanalista como practicante, y todo ello en el marco de la formación que la escuela dispensa y su política.
Y es que con el subversivo invento del Pase, por el que un analizante da cuenta de los efectos analíticos logrados al final de su recorrido mediante un testimonio (qué ha pasado con su fantasma, con su deseo, cómo se las arregla con su real) lo que Lacan nos mostró es su preocupación por la formación de los psicoanalistas y por la manera de hacer existir el psicoanálisis en el mundo, de hacerlo avanzar, que para él no puede ser sin la Escuela, otorgándole a ésta el lugar de una garantía, la de esa formación.
Así lo dice: “Esta sombra espesa que recubre ese empalme del que aquí me ocupo, ese en el que el psicoanalizante pasa a psicoanalista, es aquello que nuestra Escuela puede dedicarse a disipar”.
Entonces, cuando nos preguntamos ¿qué es un psicoanalista? o como se adviene analista, lo que en realidad estamos dilucidando es qué es lo que ocurre en la experiencia de un análisis, cómo se llega a su fin, cómo eso se demuestra, qué relación hay entre el final y el principio en un análisis, cómo opera la transferencia, de qué hablamos cuando hablamos del inconsciente, de lo real, del acto analítico, cuestiones fundamentales a verificar en cada cura, y de ahí la importancia del Pase como instrumento que puede arrojar luz sobre ello, luz para los analistas practicantes, porque de esa luz dependerá el devenir de la práctica del psicoanálisis tal como la pensó Lacan.
Dos de los puntos fundamentales que aparecen en la Proposición en relación al Pase que rompen con lo establecido, es que la demostración del paso de psicoanalizante a psicoanalista debe basarse, primero en el hecho de que el psicoanalista no se autoriza sino de sí mismo, y segundo, en la experiencia personal, en lugar de depender de jerarquías o títulos externos, que es lo que Lacan viene criticando durante años de los institutos de psicoanálisis de la IPA herederos de Freud, en los que unos supuestos sabios, supuestamente experimentados y competentes, supuestamente formados de manera ideal, reconocen y autorizan para la práctica del psicoanálisis a unos ‘buenos alumnos’ que de esta forma encuentran su garantía. Lacan critica estos procedimientos por su tendencia al fortalecimiento de las identificaciones, la comodidad y el estancamiento (todo ello efectos de un real). Así, lo que Lacan quiere es decidir el psicoanalista, no a partir de su acto de candidatura sino a partir del fin de su cura. Como sabemos, son sus divergencias con la IPA las que lo llevan a ser expulsado y a crear su propia escuela en 1964 con sus propios principios; a ellos responde el Pase y su espíritu subversivo.
Al respecto, nos dice Lacan: Pero hay un real en juego en la formación misma del psicoanalista. Sostenemos que las sociedades existentes se fundan en ese real(…) No es menos patente -y para nosotros concebible- el hecho de que este real provoca su propio desconocimiento, incluso produzca su negación sistemática.
Por tanto, para Lacan, el real a ubicar no sólo es en la cura sino que es un real que tiene que tener una correspondencia en la institución psicoanalítica. Si bien, en un principio, Lacan aludió a este real en juego para criticar los principios que regían las instituciones herederas de Freud, una vez creado el pase, no se debe olvidar que ese real también está en la Escuela de Lacan (por ejemplo la última crisis en la EFP); por lo tanto, hay que reconocerlo, tomarlo en cuenta, en tanto no es ajeno a los diferentes movimientos y transformaciones del dispositivo del pase a partir de su versión original. Pero insistimos, que se produzcan crisis, modificaciones en el dispositivo, no supone un cambio respecto a su razón de ser.
En todo caso, a lo largo de todos estos años, hay un esfuerzo sostenido de la Escuela por extraer enseñanzas de la transmisión de los testimonios de los pasantes nombrados AE, siendo estas producciones, condición de posibilidad de una orientación para nuestra práctica clínica. Un ejemplo de ello (podríamos citar muchos): Cuando escuchamos en un testimonio como el analizante adquiere la convicción del final; acordémonos del testimonio de Neus Carbonell en el que describe la escena de cómo transcurrió la última sesión: el relato del sueño, el corte de la sesión y el silencio del analista, la mirada, la despedida….Una escena, un recorte que enseña, que nos aporta un trozo de saber de lo que ha ocurrido en una experiencia de análisis.
No obstante, en relación a este punto, que tiene que ver con “la clínica del pase” me parece muy interesante el debate suscitado en el seno de un cartel creado en la Comunidad valenciana en el marco del Seminario del Pase, del que rescato dos preguntas que allí se hacen:
La primera pregunta sería ¿en qué medida el pase (también el nuevo reglamento) está encarnado entre los miembros de la Escuela? Y yo añadiría ¿entre los socios de las sedes?
La segunda pregunta sería “en qué medida lo que llamamos clínica del pase tiene un eco en los practicantes de psicoanálisis o no lo tiene, de qué manera la transmisión de la singularidad más radical que implica la experiencia de un análisis puede ofrecer o no elementos que constituyan algún tipo de orientación para los practicantes clínicos?”.
Porque, y con esto termino, aquí volvemos a tomar el hilo de la proposición en lo que se refiere a la formación y producción de los psicoanalistas: que “lo que está en juego es la equivalencia planteada por Lacan entre el final de análisis y la enseñanza del psicoanálisis”.
Jacinto Ruiz. Miembro de la ELP y de la AMP. Sede de Málaga.
Referencias:
1. Lacan, J.,“Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la escuela”. Otros escritos, Paidos, Buenos aires, 2012, p 262.
2. Guéguen P-G., “Lo real en juego en la formación del psicoanalista” Intervención realizada en el SCF de Barcelona en enero de 1999. Revista Freudiana nº 25.
3. Ventura, O., “Subjetivar el pase aún. Una vuelta más sobre los fundamentos». Revista Letras Lacanianas nº 27, Madrid. P. 52