Síntoma, angustia y acto analítico

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Angustia, síntoma y acto analítico
Maite Esteban

En el corazón de la operación del analista, en la soledad de su acto, palpita lo que de la realidad sexual del inconsciente es imposible de pensar. La cuestión de fondo se juega entre dicha realidad y el fenómeno al que da lugar la transferencia.

1.- Síntoma (en singular)

Hay una falla estructural entre la vida y el sentido con la que Freud tropieza al abrir las puertas al inconsciente semántico, allí el síntoma supone un sentido que no termina de entregarse, topa con la relación entre goce y defensa. Este “infranqueable” lo resuelve al decir que el síntoma es una “solución de compromiso”, esta solución no cancela la verdad, tan solo enseña lo que del síntoma insiste. La prosperidad queda del lado de las formaciones del inconsciente y sus efectos de verdad, pero impotentes para que el síntoma entregue sus armas. La verdad del síntoma tiene en sus entrañas al síntoma como goce. Lacan, en su última enseñanza avanza hacía el sinthoma, arma que más que apuntar al sentido lo hace al funcionamiento, clínicamente se constituye como único rearme para habitar este agujero. La verdad freudiana muestra qué de lo real queda perturbado, hace entrar la dimensión real del síntoma, y a partir de ahí y con Lacan, resta qué hacer con eso. A propósito de la dicotomía entre goce y sentido, encontramos una propuesta en La tercera: “lograr que lo real del síntoma reviente”1. Cómo lograrlo implica la experiencia analítica, su carácter de apuesta.

Lacan desplaza la práctica analítica del deseo al goce. Si el deseo depende del lenguaje, llama al Otro, la Cosa no remite a verdad ninguna, solo a la dimensión de lo real a la que se da sentido. En este pasaje propone ir más allá poniendo en primer plano la primacía del goce, del goce del cuerpo propio. Las frases que han dejado huella en una vida, las palabras que han marcado el inconsciente del sujeto, están caracterizadas por lo que Lacan llamó rasgo unario (einziger Zug), del que dijo que “de entrada se señala como tatuaje, el primero de los significantes”2.

Pero, alcanzar lo real, por la vía de las representaciones, exige que el sujeto crea en el síntoma, que el síntoma quiere decir algo. En la entrada, es el acto analítico el que se enlaza con esta creencia produciendo la instalación de la transferencia y operando con ella. La dirección de la cura produce una reducción, un estrechamiento del sentido al aislarse los S1 vía la interpretación que apunta al equívoco, hasta alcanzar el punto irrebasable de la represión primordial. Atravesamos aquí una zona donde el síntoma ni se atraviesa ni tiene alcance alguno de sentido, que supone una confrontación con los restos sintomáticos que se desprenden del choque entre la materialidad significante, y el cuerpo del parlêtre.

2.- Angustia (infranqueable-certeza)

En Los usos del lapso3, J.-A. Miller señala la doble función de la angustia, responsable de la inhibición frente al acto y condición del mismo. Freud delimita la inhibición a un asunto de cuerpo, Lacan lo enfatiza al señalar que lo que la angustia manifiesta es “miedo de nuestro cuerpo”4 y justifica que se prefiera siempre la culpa, abandono del deseo, a esta. Por su parte, la inhibición, cuestión de deseo, es solidaria de una defensa frente al mismo, una suerte de blindaje frente al despliegue de la angustia. Lacan fotografió este escenario al nombrarla como un síntoma metido en el museo, debiendo entonces sintomatizarse como condición necesaria del acto a la espera.

La angustia, señal de lo real por irrumpir sin asistencia simbólica, surge a partir de la pregunta por el deseo del Otro ¿qué me quiere? y la problemática de no saber qué objeto es uno para el Otro. Ahí la presencia del analista abraza eso que no es permeable a la palabra ni tiene imagen, lo que el analizante experimenta como lo más íntimo y extraño a la vez. La extimidad, como Lacan llama a este efecto de extrañeza, es la deformidad topológica que señala un afuera que está dentro y se experimenta como un goce desconocido. La extrañeza, consustancial a la angustia y opuesta a la certeza, de la que Lacan precisa una nota de gran valor clínico, “actuar es arrancar a la angustia su certeza, actuar es operar una transferencia de angustia”5. Esta indicación plantea el problema de diferenciar a qué actuar se refiere pues no se trata de cualquier manifestación de la motricidad ya que “el acto se distingue de la acción por el significante que se encuentra en él implicado”6.

3.- Acto analítico (a-tiempo)

En su última enseñanza, Lacan sitúa el corte como la modalidad del acto analítico; en este sentido, el acto analítico es cirugía en el cuerpo del texto que el sujeto produce. Lacan encuentra en el corte la pericia que permite sortear la debilidad del pensamiento, por eso, en un análisis opera una reducción significante en un marco donde la presencia del analista y su acto sostienen una escritura de corte y sutura apoyada en un tiempo lógico y una topología de nudo; esto último ya que el objeto a “es lo que queda atrapado en la trabazón entre lo simbólico, lo imaginario y lo real como nudo. Si lo atrapas bien, podrás responder a lo que constituye tu función: ofréceselo a tu analizante como causa de su deseo”7. Es esta otra importante indicación clínica, Lacan pide que lo atrapemos a tiempo para responder de forma precisa a la función de objeto a causa del analizante. Lacan se sirvió del nudo borromeo para pensar la consistencia de los tres registros y cómo el síntoma los anuda. En este sentido, el destino analizante sería alcanzar el síntoma como nudo, lo que equivaldría a lograr reventar su real, es decir, poner a cielo abierto lo que se oculta en él: no hay relación sexual. Frente al Otro que no existe, descartado el sentido, solo queda arreglárselas con un trozo de real.

 

Maite Esteban
maiteestebanleiva@gmail.com

 

Notas:

  1. Lacan, Jaques. “La tercera”, En los Confines del Seminario. Paidós, Buenos Aires, 2022, p. 119.
  2. Lacan, Jaques. El Seminario, libro 11, Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 147.
  3. Miller, Jaques-Alain. “La angustia como condición del acto”, Los usos del lapso. Paidós, Buenos Aires, 2004, p. 456.
  4. Lacan, Jaques. “La Tercera”. Op. Cit., p. 137.
  5. Lacan, Jaques. “Lo que no engaña”, El Seminario, libro 10, La angustia. Paidós, Buenos Aires, 2016, p. 88.
  6. Miller, Jacques-Alain. “El ser del analista”, Donc. La lógica de una cura. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 474.
  7. Lacan, Jaques.“La Tercera”. Op.Cit., p. 115.

 

Publicado en: https://acto.jornadaselp.com/el-acto/eje-sintoma-angustia-y-acto-analitico/

Maite Esteban: Síntoma, angustia y acto analítico. Texto de presentación de eje en las XXIV Jornadas de la ELP