Texto de Orientación

La subversión del acto
María Navarro
Hay un extraordinario poema de Rimbaud, A una razón, que Lacan nombra por primera vez el 10 de enero de 1968 en su Seminario 15, donde dirá que ¨es la fórmula del acto¨. Posteriormente, volverá sobre él en el Seminario 20 para hablar del amor.
Dice el poema:
A una razón
Un golpe de tu dedo sobre el tambor descarga todos los sonidos y comienza la nueva armonía. Un paso tuyo, es el alzamiento de los nuevos hombres y su avance. Tu cabeza se aparta: el nuevo amor! Tu cabeza se vuelve, — el nuevo amor!1
Nos conmueve que Lacan, a través del pulso de un poema nos muestre una vez más su alcance, pues sabe que en la poesía no hay sinonimia total y eso permite escribir a la letra. De ahí la precisión que Lacan rescata, siempre que se dé, para el analista, en acto. Al respecto dice en El acto psicoanalítico, la poesía, «eso, hace algo»2. Incluso, podemos decir a pesar de los poetas.
I
Lacan introducirá el acto analítico como concepto en el seminario 14 sobre La lógica del fantasma, dedicándole el seminario entero del año siguiente (1967-1968), en el que va articulando su fórmula, para volver a él posteriormente en la clase 22 del seminario 16, donde nos recuerda “que nadie había siquiera pensado nombrar [el acto psicoanalítico] como tal antes que yo”3.
Se trata así de un concepto inédito pues lo distinguirá de otros usos, ya que no es un acto motriz, ni de la profesión, tampoco del hacer (imaginario) de un analista, ni revolucionario, sino que nos está hablando del “acto del psicoanalista”4, cuya singularidad va a conllevar la destitución subjetiva, el bordeamiento del objeto y el surgimiento de un nuevo deseo. Y que se sitúa en la dimensión significante, la lectura del acto y el plano del decir. El acto analítico como soporte y fundamento del análisis y cuya condición será de una naturaleza ligada a los “acontecimientos” de un análisis, que “impliquen consecuencias”5 en relación con la posición que el analista adopte para ejercerlo.
Acto analítico, entonces, inédito respecto a la episteme e inédito cada vez en la praxis; pues no hay regla en la experiencia analítica, esa será su ética, salvo la regla fundamental de trabajar con el inconsciente. Regla que, si anunciamos, dice Lacan, es porque hay Otro, un Otro que sabe lo que eso quiere decir. Y en el que Lacan ubicará el horizonte de lo que hace posible la experiencia analítica. Podríamos decir así que la instauración de ese Otro lugar de enunciación es el dispositivo analítico mismo.
La propuesta de Lacan es la de establecer una referencia lógica, la posibilidad de escribir en un Universal lo particular y de ver la implicación de ambos: la posibilidad de decir lo imposible. El acto como lo que instituye al psicoanalista, que solo existe en tanto su hacer hace acto, o sea, en tanto una presencia determinada por el inconsciente del analizante. Y en donde se jugará una temporalidad propia: la retroacción y su efecto al final, de la sustracción del objeto a. Un camino en el que con el saber pueda producirse algo que no tiene nada que ver con el saber mismo; tiene otro estatuto, que Lacan ubicará del lado de lo real. La producción de un objeto a través del saber, de lo simbólico, que tiene estatuto de real. Acto que no hay que confundir ni con la interpretación ni con la transferencia, si bien, será condición del soporte de ambas: “fuera de lo que he llamado la manipulación de la transferencia no hay acto analítico”6, dirá Lacan. Así, se desprende que la transferencia sostenida en el acto analítico hace del analista el Sujeto supuesto saber. Es una ficción que supone las condiciones para que se despliegue el abanico fantasmático del analizante, la posición subjetiva que tiene frente al Otro del lenguaje, que tendrá consecuencias verdaderas en la medida en que el psicoanalista no encarne ese saber supuesto. Para ello, el compromiso será que el analista acoja el discurso del paciente y responda con su acto. Estando advertido de que aquello que testimonia el desorden simbólico, es de lo real de lalengua. Y que el instrumento, para ubicarlo, será construir ese real a través del encuentro con lo imposible de decir, pues es lo imposible lo que hace surgir lo real, y no al revés. Lo real no está ahí y accedemos a él como si fuera una sustancia que es imposible capturar. Es previamente lo imposible lo que constituye que algo se vuelva real generando lalengua.
Nuestro aliado será escuchar lo que, en el decir del paciente, dice, pues los significantes determinan el goce, le causan y le dan su marco. Sin olvidar, que el horizonte de la época nos concierne, y que el analista con su acto es el responsable de las consecuencias de ese trabajo, que sostiene con su deseo y presencia.
El psicoanalista tendrá entonces que orientarse para que el sujeto elija entre su no-saber y la hiancia que se abre. Y orientar la palabra hacia una brecha diferente de la queja por el goce perdido para atreverse a saber ahí. Hacer la experiencia de la no escritura de lo real, del no hay relación sexual. Acto cuyas consecuencias el analista ha de poder sostener pues no tiene vuelta atrás.
II
Fórmula del acto que vamos ubicando en el poema de Rimbaud, en cuyo primer verso podríamos decir que se sienten los efectos de un acto del que resuena su temporalidad retroactiva; y de cuya resonancia se extraerán las consecuencias. Al comienzo, será el surgir de un nuevo sujeto. Un recomenzar donde el acto viene al lugar del decir del analista en tanto corte. Y como consecuencia de ese recomenzar, el atravesamiento de un umbral (al igual que se dará con Julio Cesar en su cruce del Rubicón) en el que se pulsa el tiempo presente del poema. El instante del dedo sobre el tambor, conciso, sutil, sin ir al pasado ni operar como un héroe; los pasos decisivos, cuyas consecuencias simbólicas cambian la historia, incluso diríamos, que es por sus consecuencias que el umbral se ha atravesado. También vemos el carácter significante del acto, que viene al lugar de una escritura, del sujeto que surgirá, consecuencia del acto mismo. Y del que tendremos noticias, una vez ha tenido lugar.
Y el amor, un nuevo amor producto del corte mismo que traza el poema, dejando su resto.
María Navarro
marianavarrop@telefonica.net
Notas:
- Rimbaud, Arthur. Iluminaciones, trad. Cintio Vitier. Pontificia Univ. C. del Perú, Perú, 2002. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 15, El acto psicoanalítico (1967-1968), clase 1, 15 nov. 1967, inédito. ↑
- Lacan, Jacques: El seminario, libro 16, De un Otro al otro. Paidós, Buenos Aires, 2020, p. 309. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 15, El acto psicoanalítico (1967-1968), clase 3, 29 nov. 1967, inédito. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 15, El acto psicoanalítico (1967-1968), clase 7, 24 ene. 1968, inédito. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 15, El acto psicoanalítico (1967-1968), clase 3, 29 nov. 1967, inédito ↑
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